Con solo relajarme un poco y disfrutar de los maravillosos rincones que oculta esta ciudad, he sentido que la inspiración me venía, me desbordaba y las palabras escondidas empezaban a surgir por si solas. Me he despertado algo antes de las siete porque tenía una frase. La frase. La he encontrado.
A partir de ahí, con un poco de café y música celta para ambientarme, todo ha ido sobre ruedas. Ahora un descanso, una segunda taza de café, y a ver como sigue la historia.
Silencio, se escribe.



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